Ostula Culture and Defiance
 

Historia Colonial

Una de las razones por las que los españoles llegaron rápido a la región de costera de Michoacán era que Hernán Cortés tenía la intención de usar Zacatula, en la boca del Río Balsas, como base para sus expediciones de exploración del Pacífico. Los Purhepechas que vivían en el interior de Michoacán, región aun no conquistada por los Españoles, habían hablado a los invasores de la gran riqueza de oro que había en la costa. La primera expedición en busca de oro en lo que se vendría a llamar la provincia de Motines de Oro comenzó en 1524, pero las minas fueron casi totalmente abandonadas llegado 1536. había considerable resistencia al trabajo forzado por parte de los indígenas. Hubo rebeliones entre 1526-1528 y entre 1530-1532, siendo que también se dio bastante migración espontánea para escapar del trabajo forzado. La fundación de Ostula data de este periodo. Según la historia, Cortés organizó cuadrillas de indígenas para buscar oro, siendo que la comunidad de Ostula fue fundad en 1531 por gente de Pómaro, Maquilí e Ixtlahuacán (comunidad náhuatl-hablante del estado de Colima) que llegaron al valle procurando un mejor lugar donde vivir.

1531 es también el año en el que la Virgen de Guadalupe supuestamente se aparece a Juan Diego en Tepeyac, según fuentes que datan del siglo XVII. El mito fundacional de la comunidad puede por lo tanto expresar una identidad que adquirió depuse, cuando entró a formar parte de un más amplio mundo colonial náhuatl-hablante reconstruido, siendo que también mantiene el recuerdo de una época traumática de desplazamiento asociada a esta temprana fiebre del oro.

Los habitantes de la costa de Michoacán no hablaban náhuatl en la época de la conquista, Aun a comienzos del siglo XVII se hablaban en las comunidades varias lenguas maternas además del náhuatl. había asentamientos en los que vivían gentes que hablaban diferentes lenguas, reflejo de la “congregación” de gente de diferentes grupos indígenas en asentamientos compactos donde serían más fáciles de controlar y convertir al cristianismo. El náhuatl se convirtió en la lingua franca de la región, desplazando las lenguas originarias completamente a finales del siglo XVII.

La época del cacao y los encomenderos

Las reservas de oro de la región eran de calidad mediocre, siendo que el hecho de que la región fuera poco atractiva para posibles colonos españoles había incrementado los costes de las operaciones mineras, debido a la necesidad de emplear supervisores.
Pocos de los que se asentaron disponían del suficiente capital para invertir en trabajo esclavo. El cultivo de cacao les ofrecía unas ganancias mayores con mucho menor coste, siendo que el mercado de cacao creció en la segunda mitad del siglo XVI ya que su uso precolonial como moneda continuo durante el periodo colonial.
Los indígenas fueron forzados a trabajar en las plantaciones de cacao de los españoles, y a entregar cacao como tributo. Acusaban con frecuencia a los españoles de usurpación de tierras, y asociaban el trabajo en las húmedas plantaciones de caco con el incremento de las enfermedades y mortandad que diezmó la población precolonial.

El colapso demográfico fue tan serio que en las tierras calientes costeras de Colima y Motines el Virrey Velasco envió a Lorenzo Lebrón de Quiñones para llevar a cabo una inspección oficial en 1551. Velasco reportó abusos generalizados cometidos contra la población indígena y denunció a muchos de los españoles que los explotaban por controlar tierras y contribuyentes de manera ilegal. A pesar de las intenciones humanitarias de Lebrón, su propio apoyo a la política de “congregación” de los indígenas contribuyó a la mortandad al incrementar el impacto de las epidemias.
En los primeros años de la conquista el gobierno imperial español había delegado la responsabilidad de la administración y evangelización de la población indígena a encomenderos individuales (personas a las que se les “encargaban” los indios). Aunque esta medida había sido pensada como provisoria para salir del paso, siendo que la concesión oficial de encomiendas acabó oficialmente con la promulgación de las “Nuevas Leyes” en 1554, esta región se mantuvo lejos de los centros de poder imperial, lo que explica el porque la esclavización ilegal de indígenas, extracción ilegal de tributos y la apropiación ilegal de tierras indígenas era tan frecuente.

Algunas de las encomiendas legales permanecieron hasta entrado el siglo XVII.
Ostula fue parte de una encomienda hasta 1618, aunque la comunidad vecina de Maquilí volvió a estar en manos de la Corona en 1560, estableciéndose una corregiduría por la corona, con un corregidor responsable de la recogida de impuestos y administración del trabajo indígena. Coalcomán, Pómaro, Ixtlahuacán y Aquila volvieron a estar bajo el control de la Corona entre 1530 y 1560. En 1580 el Encomendero de Ostula y Coxumatlán, Juan Alcalde de Rueda, hijo mestizo de un conquistador español establecido en Colima y de una indígena, escribió un informe sobre la región al rey español Felipe II, informe que se conoce como Relación de la Provincia de Motines de Oro. En él se encuentra la primera referencia detallada sobre Ostula. Juan Alcalde de Rueda fue nombrado encomendero en 1551, a la edad de 23 años, a traves de su matrimonio con la viuda Maria López de Robles. Vivía cerca de su plantación de cacao, cosa que no era muy usual.

Evangelización

Los franciscanos fueron pioneros en el proceso de evangelización, pero se sabe poco de este primer trabajo pastoral, aparte de unas breves descripciones de los cuarenta años de servicio de Fray Pedro de las Garrovillas, quien recorrió a pie la región en su totalidad, de Zacatulas a lo que es hoy en día la frontera con Colima. No obstante, los rituales en Ostula incorporan figuras que parecen ser frailes, representados de un modo ambiguo como truhanes. Los encomenderos también pagaban salarios a los clérigos seglares, criticados duramente por Lebrón por prestar más atención a sus intereses económicos que a sus obligaciones religiosas y por no hacer ningún esfuerzo por aprender las lenguas indígenas. Lebrón culpó del estado de las cosas a la larga ausencia de la diócesis del Obispo Vasco de Quiroga, quien durante la década de 1560 intentó mejorar la situación a través del nombramiento de un náhuatl-hablante como párroco de la recién creada parroquia de Maquilí. Aun así y todo, las comunidades indígenas de la provincia de Motines no se ajustaron al modelo de “Repúblicas de Indios” modeladas en la Utopía de Tomás Moro que Quiroga tenía en mente, que conducirían a los indígenas hacia la adopción de valores y virtudes civilizadas del mundo urbano Europeo. Los párrocos de la región se pasaron el siglo siguiente quejándose de la pobreza de sus parroquianos y de las míseras condiciones de vida que el servir en estas áreas les suponía. Dificultades en las comunicaciones implicaban que sus visitas a las comunidades fuera de la cabecera donde se encontraba la parroquia no eran muy frecuentes. Esta situación creó las condiciones bajo las que las comunidades indígenas tomaron control de sus devociones diarias y consiguieron un grado de autonomía considerable lo que les permitió “indianizar” las prácticas religiosas introducidas por los Franciscanos y los párrocos. El resultado fue un complejo proceso de “transculturación” en el que Ostula finalmente emergió, durante el siglo XVII, como centro regional del Cristianismo indígena, combinando versiones radicalmente transformadas de los rituales Europeos con una tradición coral de cantos en Latín. Las misas cantadas fueron el principal servicio por el que las comunidades indígenas pagaban a los párrocos locales durante los siglos XVII y XVIII.

Un paisaje de pobreza y protestas

En un pasaje extraordinario de su Relación, el encomendero Juan Alcalde de Rueda le cuenta al rey de España que es imposible hacer que los indios trabajen y acepten los valores mercantiles Españoles: aun cuando poseen propiedades, responden a coacciones simplemente huyendo para sufrir penurias o hasta morir en otros lugares. No obstante, los indígenas sí intentaron participar de esta economía mercantil (y necesitaban dinero para financiar su vida religiosa). Las comunidades se quejaban repetidamente a las autoridades coloniales superiores de cómo los encomenderos nombrados por la Corona que supuestamente tenían que protegerles les robaban sus productos y les forzaban a comprar productos Españoles a precios inflados. En 1581 y en 1604, todas las comunidades indígenas de la región se unieron para denunciar a los oficiales locales de la administración colonial. En la protesta de 1604 acusaron al Alcalde Mayor y al Corregidor de Coalcomán no solo de abusar de su posición de la manera ya mencionada, sino también de tener una taberna, controlada por su mujer, que causaba graves problemas sociales al promover el alcoholismo. así y todo, llegado 1630 la producción de cacao en la zona había dejado de ser rentable aun contando con trabajo forzado y con el aporte forzado de cacao recolectado por los mismos indígenas. La producción de un licor elaborado con coco (vino de coco) había desplazada al cacao en Colima, donde el declive demográfico de la población indígena había llevado a importar fuerza de trabajo negra y filipina. Algunos de los filipinos de mudaron hacia las zonas ocupadas por las comunidades indígenas en la costa de Michoacán y pasaron a cultivar sus pequeñas plantaciones (al igual que hicieron algunas familias indígenas). En 1631, un informe del párroco de Maquilí enumera las propiedades de Españoles dentro de las comunidades indígena junto a las de Filipinos (“indios chinos”), al igual que menciona que los costes de las celebraciones del culto a la Virgen de la Inmaculada Concepción en Ostula eran cubiertos con los ingresos provenientes de una pequeña plantación de cacao.

El pequeño numero de Españoles residentes en la zona habían desempeñado en el pasado un papel importante en el financiamiento de las parroquias, pero sus fortunas económicas estaban en declive. A finales del siglo XVII los Filipinos y los residentes Españoles (vecinos) habían desaparecido, asentado las bases para una nueva resurrección de los indígenas de la zona.

Autonomía y recuperación

Aunque los párrocos consideraban la vida de sus feligreses indígenas como de la más absoluta pobreza, de hecho estos controlaban una gran cantidad de recursos que pasaron a poder explotar de la manera que mejor consideraran. Las pérdidas demográficas causadas por las enfermedades y la sobre explotación hicieron que la región no recuperara sus niveles poblacionales precoloniales hasta el siglo XX. En 1765 el párroco de Maquilí informó que Ostula tenía una población de 76 indios casados, ligeramente inferior a la de Maquilí, donde solo una familia de no indios era residente (y esta misma se marchó antes de finales de siglo). La población de Ostula a mediados del siglo XVIII era mas de tres veces la reportada en 1631, pero todavía relativamente pequeña en relación al territorio que la comunidad controlaba. En el siglo XVII los indígenas practicaban un sistema de explotación de “amplio espectro” en el que cada familia tenía acceso a distintas zonas de características ecológicas diferentes. había una intensa explotación marinera al igual que forestal, junto a una agricultura (que incluía el cultivo de algodón, verduras, frutales y palmas de coco, con zonas de irrigación a pequeña escala, cultivo de maíz y pastoreo). Además de la caza y recolección de frutos, los bosques también eran lugares de “cultivo”: las comunidades producían incienso copal y velas de cera a escala comercial, comerciando estos productos junto con el que tal vez fuera el producto más importante, la sal, con el mundo exterior. Parte del comercio era con arrieros que llegaban de otras regiones, pero existía también una red de comercio entre comunidades indígenas que incluía otras comunidades náhuatl-hablantes de Guerrero y Colima. Las rutas comerciales eran también rutas religiosas de peregrinaciones y de intercambio de novedades culturales y practicas ceremoniales. En el siglo XVIII encontramos familias de Motines que migraban hacia las fincas de Españoles en la región de Zacatula donde rentaban tierras que sus dueños habían prácticamente abandonado para plantar en ellas algodón por cuenta propia.

Para esta época Ostula ya tenia una cofradía, devota a la Virgen de la Natividad, que poseía el mayor hato de ganado de toda la zona con alrededor de 280 cabezas. Jóvenes varones cuidaban del ganado, en lo que era considerado como un servicio religioso, en una área que eventualmente se convertiría en lo que hoy en día es Cofradía de Ostula. La organización religiosa aparece en esta época como más jerárquica de lo que se presenta en la actualidad, con ciertas actividades restringidas a varones de edad que tuvieran cargos religiosos (y excluyendo a las mujeres de ciertas devociones, exclusión que se mantuvo hasta recientemente, aunque siempre hubiera ciertas funciones especificas para mujeres en la organización ritual, reflejo de un paralelismo de genero común en todo el mundo náhuatl colonial). La autoridad religiosa máxima era el fiscal y un grupo que se encargaba de la Iglesia principal, acompañados de un prioste y mayordomos responsables de la cofradía y del culto de la Virgen de los Dolores. El maestro del coro y otros cantores también tenían prestigio y autoridad. Con el pasar del tiempo el culto de los santos se extendió y se hizo más elaborado con más y nuevas imágenes adicionadas al culto de la Virgen de la Inmaculada Concepción, la Natividad y otros cultos ya existentes, tales como San Nicolás, versión cristianizada de un dios de la fertilidad existente. Pero no era esta una situación de “falsa conversión” o de “ídolos tras los altares”. Lo que se desarrolló en Ostula fue una versión indigenizada del Cristianismo que era radicalmente diferente de los modelos pre-cristianos en su lógica inherente y practicas. Era un sistema manejado por y para indígenas. Una de las características más llamativas del proceso ritual resultante es la parodia que en el se hace de símbolos no indígenas. Las gentes de Ostula reafirmaban su autonomía rechazando la supuesta superioridad de los Españoles, presentando a los indígenas como los verdaderos defensores de la Fe.

Los gobiernos civil y religioso se mezclaban en el cabildo de las comunidades indígenas. Este era otro modelo Europeo que se indigenizó notablemente. En Ostula, el estatus y la autoridad no se basaban simplemente en una cuestión de edad, ya que los que desempeñaban cargos públicos recibían consejo de un pequeño grupo de ancianos influyentes (cabecillas) quienes representaban al poder interno. Estos cabecillas también desempeñaban otras funciones tales como servir de intermediarios frente a la familia de la novia en las negociaciones previas al matrimonio (figura conocía en náhuatl como tlahtolero). El sistema de cabildo se mantuvo en Ostula hasta finales de 1930. Aunque experimentó cambios a través de los tiempos (especialmente tras la municipalización del gobierno local introducida tras la Independencia), la forma de organización cívico-religiosa de Ostula era más compleja que la de sus vecinos dado la mayor complejidad de su vida y organización religiosa.

El final de la época colonial

En 1786 las comunidades indígenas de Coire, Maquilí, Ostula y Pómaro recibieron la autorización para formar milicias de arqueros para guardar la costa del ataque de piratas. Esto ayudó a incrementar el grado de autonomía que tenían las comunidades con respecto a sus asuntos cívicos y religiosos (aunque tenían no obstante que seguir pagando tributos al régimen colonial español). En 1778 el párroco de Ixtlahuacán se refirió a como el hecho de que los indígenas estuvieran armados con arcos y flechas era una fuente de preocupación constante para los párrocos locales. Depuse de que el Padre Hidalgo alzara la bandera de la insurrección contra el dominio Español en 1810, las milicias indígenas de Ostula (junto con las de Maquilí e Ixtlahuacán) se unieron a las fuerzas no indígenas de Coahuayana para luchar por la independencia con las armas. Esto nos muestra que aunque las comunidades indígenas eran celosas de su autonomía y decididas a la defensa de sus territorios, no obstante no eran comunidades cerradas aisladas de la sociedad regional. Este episodio también sugiere que sus líderes fueron atraídos por las promesas de una nueva sociedad en la que serían abolidas las antiguas diferencias entre “castas” raciales, modos de gobierno arbitrarios y los monopolios económicos coloniales. Ostula de hecho desarrolló su propios rituales civiles idiosincrásicos para la celebración del día de la Independencia mucho antes de que los maestros trajeran la cultura cívica de Estado a la comunidad tras la Revolución Mexicana. Pero aunque Ostula y otras comunidades nahuas de la zona lucharon hasta el final para poner fin al orden colonial, también hicieron uso de las instituciones legales de ese mismo régimen colonial para luchar entre ellas por el control del territorio. Ostula y Coire pasaron las ultimas décadas del periodo colonial enzarzadas en conflictos y luchas por territorio que en el pasado había formado parte del territorio de su comunidad vecina Huizontla. La situación de Huizontla continuó a empeorar durante el siglo XVIII, y la comunidad también había perdido tierras a manos de rancheros non indígenas y terratenientes, que recibían el apoyo de las autoridades de distrito en Coahuayana, algunas de las cuales desempeñaron un papel activo en los intentos de desmantelar esta comunidad débil. Aunque estos procesos se vieron interrumpidos por las guerras de Independencia y por la consiguiente inestabilidad política en la región, nuevas y más serias amenazas a la integridad territorial de todas las comunidades indígenas estaban por llegar en las últimas décadas del siglo XIX.

Informe sobre la parroquia de Maquilí 1631

Informe sobre la parroquia de Maquilí 1765

Relación Geográfica de la parroquia de Ixtlahuacán 1778

Informe del subdelegado de Coahuayana sobre la Jurisdicción de Motines 1791

  

Hernán Cortés

Painting of Hernán Cortés

Cacao

cacao beans

Shaman Figure, 250 AD
Colima

Photo of Shaman Figure Colima

Mapa de la Provincia Franciscana, Siglo XVI

Map of Franciscan Province

Fiscal de la iglesia de Ostula, otorgando rosarios a nuevos cargueros

Photo of Ostula fiscal

Photo of cargo holder with garland

Cantor de la Iglesia y integrantes del Cabildo, fiesta de Santa Teresa, Ostula

Photo of Choirmaster and members of cabildo

Noticias de la Jurisdicción de Motines
1791

First Page of Report on Motines Jurisdiction

Familia indígena de la costa michoacana, Siglo XIX

Photo of coastal indians in 19th century

Content John Gledhill (john.gledhill@man.ac.uk)